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Viñas, bodegas, celler Miquel Oliver | Las mujeres de Mallorca toman la industria del vino
Bodega mallorquina centenaria ubicada en Petra. Vinos con la denominación de origen "Pla i llevant de Mallorca". Visitas y catas. Majorcan century old winery in Petra. Wines with denomination of origin "Pla i Llevant de Mallorca". Visits and tastings.
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Las mujeres de Mallorca toman la industria del vino

Tras años de ausencia femenina en el sector, una potente generación de bodegueras de la isla ha cogido el timón y se ha abierto camino con fuerza

Artículo publicado en marzo de 2013 en el Diario de Mallorca. Autora: Magdalena Serra

Son una generación de mujeres con ganas de beberse el mundo y sin miedo al triunfo. Decididas y con un gran amor hacia su trabajo, han desafiado las tradiciones establecidas para dedicarse a aquello con lo que soñaban, el mundo del vino. Un sector tradicionalmente masculino y donde era más que protagonista la añeja y rancia sentencia “esto es cosa de hombres”. 
Pilar Oliver, Bárbara Mesquida, Maria Antònia Oliver, Araceli Servera, Catalina Ribot y Esperança Nadal son algunas de las mujeres que representan la irrupción y el buen hacer de las féminas en el sector vitivinícola de la isla. Todas ellas le deben su dedicación al vino a la tradición familiar, de la que han heredado su pasión. Sin el apoyo familiar se antoja complicado hacerse camino en el sector. En Mallorca, no hay mujeres que ocupen un puesto directivo en alguna bodega que no sea parte de la familia propietaria de la empresa. Pese a que progresivamente más mujeres se están convirtiendo en bodegueras, actualmente en la isla no representan más del 10 por ciento del sector.
Las primeras en abrirse camino y en toparse con dificultades fueron Maria Antònia y Pilar Oliver. Pilar cuenta que no era fácil conseguir trabajo siendo mujer y por ello se las ingenió para realizar sus primeras prácticas en Francia.

“Como sabía que siendo mujer no me cogerían, en mi currículum puse mi primer apellido, Oliver, como si fuese mi nombre, ya que en Francia es un nombre muy común. Cuando acudí el primer día de trabajo, al ver que era mujer no me querían, pero al final demostré que valía y llegaron a recomendarme a otras bodegas”

Maria Antònia reconoce que “los inicios fueron duros debido a la rivalidad del sector, pero sabía lo que quería y con honradez se consigue salir adelante, aunque fue complicado que se me valorara siendo mujer y tuve que demostrar constantemente que valía”. Una de las anécdotas que relata es la situación que se vivía en las ferias internacionales en las que, por ser mujer, se la trataba de azafata y no de bodeguera. Maria Antònia y Pilar abrieron el camino y las mujeres que se han ido incorporando al sector posteriormente no han encontrado oposición por ser féminas, pero han tenido que lidiar con algunos prejuicios por ser jóvenes. Araceli Severa, enóloga de las bodegas Ribas, explica que “al principio te miran con un poco de recelo pero luego ven que estás formada y te desenvuelves bien en el medio, y la situación se normaliza”.

 

Defensoras de la igualdad

Son defensoras de la igualdad y aseveran que el simple hecho de ser mujer no las convierte en mejor enólogo o viticultor que un hombre, sino que la clave reside en el carácter y en las aptitudes de cada uno. No obstante, la experiencia de la maternidad le mostró a Pilar Oliver que los valores personales pueden ser mejorados en casos especiales.

“Las dos mejores añadas que hemos tenido en la bodega han coincidido con mis dos embarazos, ya que estando encinta mi sensibilidad aumentó y catando vino sentí cosas que nunca antes había sido capaz de notar y que posteriormente tampoco he vuelto a vivir”

La mayoría apunta a que uno de los aspectos más difíciles de su trabajo es compaginar la vida familiar con la laboral, sobre todo cuando empieza la vendimia, pero aseguran que con organización se puede encontrar el equilibrio. No renuncian a formar su propia familia y a criar a sus hijos, y estos son partícipes también de su trabajo. “Tanto mis hijas como las de mis hermanas disfrutan estando en la bodega, les enseñamos de dónde venimos y si ellas quieren, serán quienes diseñarán el futuro de la empresa”, relata Esperança Nadal. En este sentido, Pilar Oliver ha roto muchos tabúes y aún recuerda la primera vez que impartió un curso de cata de vinos llevando a su hijo en una mochila portabebés.

“La primera reacción de la gente fue de sorpresa, porque nunca habían vivido una situación igual, pero realicé mi trabajo a la perfección y sin ninguna interrupción. Al finalizar el curso muchos me felicitaron”

Como sucede en la mayoría de negocios familiares reconocen que deben ser tajantes para poner límites ya que desconectar del trabajo no es nada fácil. “Aunque intente evitarlo cuando me meto en la cama repaso mentalmente todo lo que he hecho durante el día, y más de una vez he tenido que salir de la cama e ir hasta la finca para comprobar que estaba todo en orden o terminar algo que estaba haciendo”, comenta Catalina Ribot.

 

Formadas y preparadas

Uno de los aspectos que definen a las bodegueras es que todas han recibido formación y han introducido cambios muy importantes que han aumentado su valor. Maria Antònia Oliver es una verdadera pionera, siendo una de las creadoras de la D.O. Binissalem, la primera en tratar el Prensal blanc con nieve carbónica. La mano de Pilar Oliver fue decisiva para la internacionalización de la bodega Oliver a través de las exportaciones y en la incorporación de nuevos vinos. Esperança Nadal le dio un empujón a la bodega familiar y la ha acercado más al público a través de conciertos de música. Tras el arranque de su madre, Araceli Servera lleva las riendas de las bodegas Ribas, incrementando las exportaciones y la calidad a través de la selección de las uvas. Como una bocanada de aire fresco, Bàrbara Mesquida ha revolucionado el sector gracias a su apuesta por la agricultura biodinámica y a su iniciativa de montar su propia bodega, al igual que Catalina Ribot, quien hace diez años creó junto a sus padres la bodega Galmés i Ribot.
A pesar de la importancia de las acciones que ellas han realizado en los últimos años, aseguran que el vino mallorquín se encuentra en un buen momento, no por sus actos sino debido “al gran trabajo que hicieron padres y abuelos y la apuesta por la calidad que se dio a partir de los 90”. Se definen como continuadoras del trabajo de sus antepasados y se muestran orgullosas de sus raíces.

“Para mí no hay nada más gratificante que poder transformar la tierra de mis abuelos en un producto que pueda llegar a la gente, con ello cuidamos el legado de nuestros ancestros”, defiende Catalina Ribot.

Coinciden en que la clave para ser competentes en el futuro residirá en ofrecer vinos asequibles y de calidad, dando protagonismo a las variedades locales.

20 may 2013 no comments

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